Cuando a un perro le detectan un problema hepático, es normal entrar en pánico con la comida: “¿le bajo la proteína?”, “¿le doy pollo?”, “¿necesita un concentrado especial?”. Y la realidad es que no existe una única dieta perfecta para todos, porque “enfermedad hepática” puede significar cosas muy distintas.
Lo que sí es común es esto: una dieta bien elegida puede ayudar mucho a mantener el peso, reducir complicaciones y mejorar su calidad de vida. Aquí tienes una guía clara para elegir el alimento correcto y evitar errores típicos.
Un alimento hepático para perros (dieta hepática) es una comida formulada para apoyar la función del hígado. En general, busca ser:
- Muy digestible y palatable (que el perro la tolere y la quiera comer).
- Con energía suficiente para mantener un peso saludable.
- Con proteína de buena calidad (y ajustada según el caso).
- Con control de minerales como el cobre cuando el veterinario sospecha o confirma acumulación
Ojo con una idea clave: no todos los perros con enfermedad hepática necesitan proteína baja. La restricción de proteína se usa sobre todo cuando hay signos de encefalopatía hepática (problemas neurológicos por alteraciones del hígado) o situaciones específicas que tu veterinario debe confirmar.
¿Qué debería tener una buena dieta hepática?
Sin entrar en “recetas mágicas”, estos puntos suelen ser los más importantes:
- Calorías suficientes: si el perro baja de peso, el cuerpo lo pasa peor. La meta es mantener condición corporal adecuada.
- Proteína “seleccionada” y digestible: muchas dietas veterinarias usan fuentes que se toleran mejor y ajustan la cantidad según el cuadro clínico.
- Cobre controlado (cuando aplica): las dietas veterinarias hepáticas suelen ser las más fiables para esta restricción.
- Antioxidantes y vitaminas (según el caso): pueden recomendarse vitaminas del grupo B y vitamina E, pero siempre con pauta profesional.
Errores frecuentes que comete la gente
- Bajar la proteína “por si acaso” y dejar al perro con una dieta pobre: puede perder músculo y empeorar su estado general. La proteína se ajusta por diagnóstico y síntomas, no por miedo.
- Dar “hígado” o vísceras como premio porque “el hígado se regenera”: las vísceras pueden aportar mucho cobre y no son buena idea en muchos casos.
- Cambiar de alimento de golpe: provoca diarrea, rechazo y hace más difícil saber qué le sienta mal.
- Usar suplementos “detox” sin supervisión: “natural” no significa inocuo; algunos productos pueden interactuar con tratamientos o no ser adecuados para su caso.
Qué hacer en casa paso a paso
- Confirma el diagnóstico con tu veterinario
“Problemas hepáticos” puede ser desde inflamación crónica hasta shunt, intoxicación, colestasis o acumulación de cobre. La dieta cambia según el caso. - Pregunta si necesitas una dieta veterinaria hepática
En muchos perros, empezar por una dieta terapéutica es lo más seguro, especialmente si hay que controlar cobre o ajustar proteína con precisión. - Si te proponen dieta casera, que sea formulada por un profesional
La dieta casera “a ojo” suele quedar desbalanceada. Lo ideal es que la diseñe un veterinario nutricionista (y con controles). - Haz la transición gradual (7–10 días)
- Días 1–3: 75% comida antigua + 25% nueva
- Días 4–6: 50% y 50%
- Días 7–10: 25% antigua + 75% nueva
Si hay diarrea o rechazo, baja un nivel y avanza más lento.
- Divide la ración en 3–4 comidas
Esto puede mejorar tolerancia y apetito, y ayuda a mantener energía estable.
Cuándo pedir ayuda profesional
Busca ayuda cuanto antes si notas:
- Desorientación, caminar raro, “mirada perdida”, temblores, convulsiones o presionar la cabeza (posibles signos neurológicos).
- Vómitos repetidos, apatía marcada, ictericia (encías u ojos amarillos) o abdomen muy distendido.
- Rechazo total de comida o pérdida rápida de peso.
Cada perro es único; si algo te preocupa, habla con tu veterinario o etólogo de confianza. (En nutrición clínica, tu veterinario es quien debe ajustar dieta y suplementos de forma segura).