¿Tu perro arrastra el trasero por el suelo, se lame mucho alrededor del ano o de repente huele muy fuerte “a pescado”? Es muy probable que sus glándulas perianales, también llamadas sacos anales, estén pidiendo ayuda.
Cuando estas glándulas funcionan bien, pasan desapercibidas. Pero si se bloquean o se infectan, pueden causar mucho dolor, heridas y, en casos graves, necesitar cirugía. La buena noticia es que, con prevención y actuando a tiempo, la mayoría de problemas se resuelven sin complicaciones.
En esta guía vas a entender qué son las glándulas perianales en los perros, qué problemas aparecen con más frecuencia, los errores que conviene evitar, qué puedes hacer en casa paso a paso y cuándo es imprescindible ir al veterinario.
Qué son las glándulas perianales en perros y por qué dan problemas
Las glándulas perianales son dos pequeños sacos situados a ambos lados del ano, aproximadamente en la posición de las “4 y las 8 en punto del reloj”. Están conectadas al exterior por unos conductos muy finos.
Dentro de esos sacos se produce un líquido espeso y muy oloroso que sirve para:
- Marcar territorio.
- Reconocer a otros perros (por eso se huelen tanto el trasero).
- Aportar información sobre el estado del animal.
En condiciones normales, este líquido se vacía de forma automática cuando el perro defeca: el paso de las heces firmes presiona los sacos y expulsa una pequeña cantidad de secreción.
¿Qué pasa cuando no se vacían bien?
Si por algún motivo el líquido no sale con facilidad, puede acumularse y volverse más espeso. Entonces aparecen distintos grados de enfermedad, englobados bajo el término enfermedad del saco anal:
- Impactación: el contenido se acumula, los sacos se llenan y molestan, pero aún no hay infección.
- Sacculitis (inflamación / infección): las bacterias proliferan dentro del saco, causando dolor, enrojecimiento y secreción anormal.
- Absceso: la infección empeora, se llena de pus y puede llegar a romper la piel, formando un orificio que drena sangre y material purulento cerca del ano.
- Neoplasias (tumores de saco anal): menos frecuentes, pero potencialmente graves, que pueden requerir cirugía y tratamientos adicionales.
Además, infecciones repetidas pueden favorecer la aparición de fístulas anales (heridas profundas alrededor del ano) y cicatrices que estrechan la salida de las heces
Errores frecuentes con las glándulas perianales en perros
1. Pensar que “siempre que arrastra el ano son las glándulas”
Arrastrar el trasero (“scooting”) es un signo típico de molestias en la zona anal, pero no siempre significa que sean las glándulas: también puede deberse a parásitos intestinales, alergias, irritaciones de la piel o incluso otros problemas anales. Solo un veterinario puede distinguirlo bien.
2. Pedir que se las vacíen “por rutina” en cada baño
Durante años se puso de moda vaciar las glándulas en cada sesión de peluquería. Hoy se sabe que no es recomendable en perros sanos, porque la manipulación repetida puede irritar los sacos, inflamar la zona y hacer que el perro dependa de ese vaciado artificial. Lo adecuado es hacerlo solo cuando hay indicación.
3. Intentar vaciarlas en casa siguiendo un tutorial
Por fuera puede parecer un gesto sencillo, pero una maniobra brusca o mal hecha puede:
- Provocar dolor intenso.
- Lesionar la mucosa.
- Empeorar una infección o romper un absceso.
El vaciado interno de sacos anales debería hacerlo un veterinario o personal de confianza que haya recibido formación específica, y solo cuando realmente haga falta.
4. Ignorar el mal olor o los lamidos constantes
Un olor muy fuerte y persistente, combinado con lamidos insistentes o un bultito a un lado del ano, son señales claras de que algo no va bien. Dejarlo pasar “porque ya se le quitará” solo aumenta el riesgo de que se forme un absceso doloroso que termine rompiendo la piel.
Qué hacer en casa paso a paso
1. Observa los signos con calma
Durante unos días, fíjate en si tu perro:
- Arrastra el ano por el suelo con frecuencia.
- Se lame o muerde mucho la zona alrededor del ano.
- Tiene mal olor fuerte y repentino en esa zona.
- Presenta un pequeño bulto a uno o ambos lados del ano.
- Muestra dolor al sentarse o al que le levantes la cola.
Anota cuándo empezaron los síntomas y si han ido a más.
2. Revisa visualmente la zona (sin manipular en exceso)
Con buena luz y tu perro tranquilo:
- Levanta la cola con suavidad.
- Observa si hay inflamación, enrojecimiento, heridas o puntos que supuren.
- No intentes apretar ni introducir nada en el ano.
Si ves una zona muy roja, morada, caliente o con pus, la visita al veterinario es prioritaria.
3. Vigila sus heces y su dieta
Las heces demasiado blandas o muy pequeñas no presionan bien los sacos, y eso favorece que se llenen. Para ayudar:
- Ofrece un alimento de buena calidad, adaptado a su edad y tamaño.
- No cambies la dieta de golpe; cualquier cambio hazlo poco a poco y consultando con tu veterinario.
- No añadas fibra o suplementos por tu cuenta: en algunos perros ayudan, en otros pueden empeorar problemas digestivos.
4. Mantén a tu perro en un peso saludable y activo
El sobrepeso y el sedentarismo se han asociado con más problemas de sacos anales en algunos estudios. Mantenerlo en su peso ideal y con ejercicio moderado ayuda a que las heces sean más regulares y firmes, y a que la musculatura de la zona funcione mejor.
Para hacer de la prevención una tarea sencilla, Friendog es tu herramienta. Utiliza la aplicación para monitorear los cambios de peso, establecer metas de actividad y registrar su dieta, convirtiendo el cuidado preventivo en un hábito organizado y fácil de seguir.
Cuándo pedir ayuda profesional
Debes acudir al veterinario lo antes posible si ves:
- Tu perro arrastra el ano con mucha frecuencia o no puede dejar de lamerse la zona.
- Aparece un bulto doloroso a uno o ambos lados del ano.
- Sale líquido muy espeso, con sangre o pus, o notas una herida que supura.
- Se queja al sentarse, al que le levantes la cola o al intentar defecar.
- Tiene fiebre, está decaído o come menos, junto con dolor en la zona anal.