¿Tu perro ladra sin parar cuando sales, destruye la puerta o se hace pipí dentro aunque normalmente no lo hace? No es “rebeldía” ni “venganza”. Muchas veces es ansiedad por separación: un malestar intenso cuando se queda solo.
La buena noticia: con un plan gradual y con paciencia la mayoría de perros mejora muchísimo. Aquí vas a aprender a reconocer las señales, evitar errores típicos y empezar hoy mismo con un entrenamiento de “soledad tranquila”.
La ansiedad por separación en perros es un conjunto de conductas que aparecen cuando el perro se queda solo o se separa de su persona de referencia. No es lo mismo que aburrimiento: en la ansiedad suele haber pánico o angustia, y por eso el perro puede vocalizar, romper cosas o intentar escapar.
Señales frecuentes:
- Ladridos, aullidos o gemidos apenas te vas.
- Destrozos (sobre todo cerca de puertas/ventanas).
- Babeo, jadeo, temblores, caminar en círculos, inquietud.
- Pipí o popó en casa (aunque esté educado).
- Intentos de escape o autolesiones (uñas rotas, dientes dañados, heridas).
Errores frecuentes que comete la gente
–Castigar al volver
Si hubo ansiedad, el castigo solo añade miedo. No “aprende a portarse bien”; aprende que tu regreso también es estresante.
–Avanzar demasiado rápido
En este tema, ir rápido suele ser volver atrás. La mejora se construye con repeticiones pequeñas y seguras.
–Hacer “exposición a la fuerza”
Dejarlo solo mucho tiempo “para que se acostumbre” puede empeorar el problema y aumentar el pánico.
–Usar jaula/transportín sin adaptación previa
Para algunos perros es un refugio; para otros, una trampa. Si tu perro se desespera dentro, no es el momento.
–Pensar que “otro perro lo arregla”
A veces ayuda, a veces no cambia nada y a veces crea un segundo perro estresado. No es una solución garantizada.
Qué hacer en casa paso a paso
Idea clave: entrenar la soledad es como entrenar un músculo. Mejor sesiones cortas, constantes y sin dolor.
Paso 1: Descarta problemas médicos y ajusta rutinas básicas
Si hay pipí o popa dentro, lamido compulsivo, pérdida de pelo, vómitos o jadeo excesivo, conviene una revisión veterinaria para descartar causas físicas o dolor.
También asegúrate de cubrir lo básico: paseos, olfato, descanso y un lugar seguro.
Paso 2: Crea un “punto de calma”
Elige un sitio cómodo (cama/manta) donde suela relajarse. Ahí vas a darle:
- Alfombra olfativa, kong/lick mat, mordedor seguro (apto para su tamaño).
- Algo que solo aparezca en “momentos de calma” (no todo el día).
Paso 3: Entrena micro-ausencias dentro de casa
Objetivo: que tu perro aprenda “te vas y vuelves” como algo normal.
- Dale su premio de calma en el punto elegido.
- Te alejas 3–5 segundos (sin hablar).
- Vuelves antes de que se altere.
- Repite 5–10 veces.
Si se levanta a perseguirte, reduce dificultad: menos distancia o menos segundos.
Paso 4: Trabaja las “señales de salida” (llaves, zapatos, bolso)
Muchos perros se activan antes de que cierres la puerta.
- Ponte los zapatos y siéntate.
- Coge las llaves y déjalas.
- Toma el bolso y vuelve al sofá.
Hazlo varias veces al día, hasta que esas señales pierdan “poder”.
Cuándo pedir ayuda profesional
Pide ayuda si ves cualquiera de estas señales:
- Autolesiones, intentos de escape, destrucción intensa en puertas/ventanas.
- Jadeo extremo, babeo continuo, pánico que no mejora con lo gradual.
- El problema empeora con el tiempo o afecta a vecinos (ladridos sostenidos).
- No puedes evitar dejarlo solo muchas horas.
Un veterinario puede descartar causas físicas y valorar apoyos adicionales. Y un etólogo/educador canino basado en refuerzo positivo puede diseñar un plan a medida.
Cada perro es único; si algo te preocupa, habla con tu veterinario o etólogo de confianza.