Muchos gatos sufren dolor articular sin que los dueños se den cuenta. A medida que envejecen, pueden dejar de saltar, moverse menos o asearse peor. Este sufrimiento “silencioso” no es normal solo por la edad; puede tratarse. En este artículo, explico qué puede estar pasando, cómo detectarlo y qué estrategias puedes poner en marcha para que tu gato tenga una vida más cómoda y activa.
¿Qué es el dolor articular en gatos y por qué ocurre?
El dolor articular en gatos suele deberse a una enfermedad articular degenerativa, también conocida como osteoartritis. En esta condición, el cartílago que recubre las articulaciones se desgasta con el tiempo, provocando fricción, inflamación y dolor.
Además de la edad, hay varios factores que aumentan el riesgo:
- Sobrecarga de peso: los gatos con sobrepeso ejercen más presión sobre sus articulaciones.
- Traumatismos previos: fracturas o lesiones articulares pasadas pueden desencadenar artrosis.
- Malformaciones congénitas: como displasia de cadera o luxación rotuliana.
- Inflamación crónica de la membrana sinovial o del hueso, lo que agrava el dolor.
Este proceso es gradual. Según algunas guías veterinarias, hasta un 92 % de los gatos podrían tener algún grado de DJD.
Signos de dolor articular en gatos: cómo darse cuenta
Detectar el dolor articular en un gato no es fácil, porque muchos felinos ocultan su malestar. Aquí tienes las señales más comunes:
- Menor interés en saltar o subir a lugares altos.
- Lentitud para subir o bajar escaleras.
- Rigidez, sobre todo después de descansar.
- Dificultad para usar la caja de arena si los bordes son altos.
- Menos juego o exploración, y más tiempo durmiendo o escondido.
- Problemas con el aseo: puede haber disminución del acicalamiento o pelaje enmarañado.
- Irritabilidad o agresividad al tocar ciertas zonas.
- Huesos “crujientes” o sensación de rigidez al mover la articulación (detectable por el veterinario).
Recuerda acudir con tu veterinario de confianza si notas estos síntomas en tu gato
Enfermedades articulares frecuentes en gatos
Algunos de los problemas más comunes relacionados con el dolor articular en gatos:
- Osteoartritis (enfermedad articular degenerativa)
– Es la forma más habitual - Artritis inflamatoria
– Puede deberse a infecciones o enfermedades inmunitarias. - Lesiones traumáticas
– Golpes, fracturas antiguas o dislocaciones no curadas bien. - Malformaciones estructurales
– Displasia de cadera o luxación de rótula son ejemplos.
¿Qué puedes hacer para mejorar su calidad de vida?
Aquí una guía práctica con pasos que puedes empezar a aplicar desde casa, siempre en paralelo con el seguimiento veterinario:
Consulta veterinaria
- Lleva al gato a un chequeo si notas cambios en su actividad, apetito o comportamiento.
- El veterinario puede hacer un examen físico, manipular sus articulaciones y, si es necesario, pedir radiografías para confirmar la artrosis.
Control del peso
- Si tu gato tiene sobrepeso, un plan de dieta adaptada te ayudará mucho: menos carga en las articulaciones = menos dolor. Y si te cuesta seguir su progreso, con Friendog puedes registrar su peso, anotar sus comidas y recibir recordatorios para mantener el plan al día, algo que facilita muchísimo ver mejoras reales.
- Consulta con el veterinario para una dieta específica para gatos con articulaciones sensibles.
Modifica el entorno
- Pon rampas o escalones bajos para que pueda subir y bajar sin saltar demasiado.
- Usa cajas de arena con laterales bajos si le cuesta acceder a las habituales.
- Asegúrate de que tenga camas cómodas y cálidas, ya que el frío puede empeorar la rigidez.
Ejercicio moderado
- Anima el movimiento diario con juegos suaves, adecuados a su capacidad física.
- No fuerces movimientos, pero mantener algo de actividad ayuda a mantener la musculatura.
Tratamiento médico
- Analgésicos y antiinflamatorios: deben ser prescritos por el veterinario; no todos los fármacos para perros o humanos son seguros para gatos.
- Suplementos: glucosamina, condroitina, omega-3 pueden ser útiles, siempre bajo recomendación veterinaria.
- Terapias complementarias: fisioterapia, calor local (camas térmicas) pueden mejorar el bienestar.
Seguimiento y ajustes
- Revisa periódicamente con el veterinario para ajustar dosis de medicación o suplementos.
- Evalúa la calidad de vida: observa si mejora su movilidad, su humor y sus hábitos.
- Si la progresión es muy lenta o el dolor se vuelve difícil de manejar, considera tratamientos más especializados.